Isabel y su hija no olvidan un solo detalle. La casa tiene todo lo necesario para que tu estancia sea muy acogedora. Es una casa rural cuidada con mimo, con decoración antigua y muy típica de la zona. Tiene una chimenea que nos alegró las veladas nocturnas junto a un buen vino y un patio con barbacoa espectacular. Y tiene un lagar subterráneo chulísimo y adaptado como cenáculo. Como anécdota, la última noche se nos rompió el abre botellas que había en la casa y encontramos otro en los implementos de la barbacoa, lo que nos salvó la cena! El entorno es tranquilo, en un paisaje precioso de otoño, un lugar ideal para familias y además admiten perros. Las propietarias están siempre pendientes y dispuestas a ayudar. Sinceramente, no encontré ningun aspecto negativo. Se nos hizo muy corto!